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Lección 13
Redención
Para el 26 de marzo del 2005
 

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La Cruz y la gran controversia
PARA MEMORIZAR
“Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera. Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo” (Juan 12:31, 32). 
Sábado 19 de marzo 2005
Lee Para el Estudio de esta Semana: Job 1, 2, 42; Isa. 53:4; Mat. 4:1; Juan 12:31-33; 1 Ped. 5:8, 9; Apoc. 5:11-14; 12:7-19.

POR MÁS QUE LA CRUZ SEA CENTRAL para la salvación de la humanidad, limitamos mucho nuestra comprensión de ella si restringimos su importancia sólo a la humanidad. Únicamente en el contexto de la gran controversia podemos comprender plenamente la Cruz y por qué Cristo tuvo que morir allí. Sin embargo, porque no estamos solos, porque las cuestiones que están involucradas en los temas del pecado, la salvación, la Ley de Dios y el amor de Dios van más allá de este mundo, Dios escogió demostrar no sólo a la humanidad sino también a los mundos no caídos exactamente cuáles eran los principios y los problemas en juego en este drama cósmico. Y, al hacerlo, no sólo expuso la verdadera naturaleza de Satanás, sino además reveló a los mundos no caídos, de una manera que nunca lo habían visto antes, la persona de su Creador.

En el centro de esa revelación está la cruz de Cristo. Si nosotros, que sólo vemos “por espejo, oscuramente” (1 Cor. 13:12), nos maravillamos ante la Cruz, ¿cómo reaccionarán quienes conocieron a Jesús cara a cara antes de su encarnación, y luego presenciaron su humillación?

Un Vistazo a la Semana: ¿De qué manera revela la Biblia la gran controversia? ¿Cuáles son los problemas en juego? ¿Qué experimentó Jesús en la cruz? ¿De qué manera sus sufrimientos fueron mucho mayores que los que cualquier ser humano podría conocer alguna vez? ¿De qué modo la Cruz responde a los problemas comprendidos en la gran controversia?


Domingo 20 de marzo 2005
El Conflicto Cósmico.

Lee los siguientes textos y escribe lo que revelan acerca de la gran controversia, como por ejemplo: ¿A quién involucran? ¿De qué maneras diferentes se manifiesta la controversia? ¿Cuáles son algunos de las cuestiones en juego? ¿Dónde comenzó el conflicto, y dónde se sigue librando? ¿Quién ganará finalmente? Ver Gén. 3:15; Job 1:6-12; Isa. 14:12-15; Zac. 3:1-10; Mat. 4:1; 25:41; Rom. 16:20; 1 Cor. 15:57; Efe. 6:12; 1 Ped. 5:8, 9; Apoc. 12:7-17.

Dios nos brindó, por medio del ministerio inspirado de Elena de White, un panorama notable y explícito respecto de la gran controversia y, además, a lo largo de toda la Biblia encontramos alusiones y referencias a ella. ¡Está allí! De hecho, los versículos indicados arriba son sólo una muestra de lo que dicen las Escrituras acerca de lo que ciertamente puede considerarse un “conflicto cósmico”, una batalla literal que comenzó en otra parte del cosmos y que ahora se libra aquí, en la tierra y en cada alma humana.

Se observan manifestaciones de esta batalla desde el comienzo hasta el fin de las Escrituras, desde la enemistad entre Satanás y la humanidad, implantada primero por Dios en los corazones humanos (Gén. 3:15), hasta la ira satánica manifestada en el tiempo del fin contra los que “guardan los mandamientos de Dios y tienen la fe de Jesús” (Apoc. 12:17).

No obstante, las grandiosas noticias son que el resultado exitoso de esta batalla fue asegurado desde la misma fundación del mundo (Efe. 1:4; Apoc. 13:8). La pregunta que Dios afrontaba no era si sería capaz de derrotar a Satanás, sino cómo lo haría, y a qué costo para sí mismo. La Cruz, más que ninguna otra cosa, revela cuál fue realmente ese costo que debió pagar.

¿De qué maneras experimentas en tu vida diaria la realidad de la gran controversia? ¿De qué modo el conocer que el resultado está asegurado te ayuda a mantenerte firme en medio de tus propias luchas, a menudo dolorosas, en este conflicto?


Lunes 21 de marzo 2005
La Cruz y la Derrota de Satanás.    Lee Juan 12:31 al 33, Hebreos 2:14 y 1 Juan 3:8. ¿De qué modo estos textos relacionan la Cruz con la destrucción final de Satanás en la gran controversia?

En la Cruz ocurre un giro en la gran controversia: Satanás ha sido “arrojado”, repudiado, expuesto. En visión (Apoc. 12:10), el apóstol Juan oyó “una gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche”. Sólo cuando el Salvador murió por “los [pecados] de todo el mundo” (1 Juan 2:2), pudo el Cielo proclamar que ha venido la salvación. En el Calvario, la promesa divina, mencionada por primera vez en Génesis 3:15, llegó a convertirse en realidad.

¿Cómo relacionamos la muerte sacrificial de Cristo con la gran controversia?

Como vimos antes, aunque Cristo mismo no tuvo pecado, murió bajo la condena del juicio divino como el portador de nuestro pecado (Isa. 53:6, 11, 12; 1 Ped. 2:24; 3:18). En la Cruz, Dios asumió su propia sentencia sobre el pecado. El Creador tomó sobre sí nuestra humanidad, de modo que su vida –algo más que igual a la vida de los seres creados– expiara los pecados de toda la humanidad. De esta manera, la muerte de Cristo sostuvo la validez de la Ley moral y demostró que Dios podía ser, a la vez, justo y misericordioso. El apóstol Pablo explica la importancia de la Cruz, especialmente a la luz de la gran controversia, de esta manera: “A quien [a Cristo] Dios [el Padre] puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar [ante la humanidad y los mundos no caídos] su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados [es decir, los pecados morales, en los tiempos del Antiguo Testamento, que no podían ser expiados por la sangre de animales (Heb. 10:4)], con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús” (Rom. 3:25, 26).

En la Cruz, Jesús sostuvo la validez de la Ley de Dios, proveyó un sacrificio sustitutivo suficiente para cada pecador, expuso ante el universo el verdadero carácter de Satanás y proporcionó el medio por el cual todos pudieran salvarse. ¿Qué significan para nosotros, como individuos inmersos en la gran controversia, cada una de estas verdades? ¿Cuál de estos logros crees que es el más importante, y por qué?


Martes 22 de marzo 2005
La Cruz y el Sufrimiento Humano (Parte 1).

La Cruz y la salvación que se nos ofrece gracias a ella son elementos clave en la gran controversia. Éste fue el medio por el cual Dios sostuvo la validez de la Ley mientras, al mismo tiempo, salvaba a los que la había transgredido. Esto era decisivo para responder a las acusaciones que Satanás hacía contra Dios ante las inteligencias del universo, que tienen un gran interés en el resultado de la gran controversia (ver Rom. 8:22).

Lee Apocalipsis 5:11 al 14. ¿Dónde ocurre esta escena? ¿Quiénes están involucrados? ¿A quién están alabando, y por qué? ¿De qué modo estos versículos ayudan a mostrar la centralidad de la Cruz en la gran controversia?

Por interesado e involucrado que esté el universo en la Cruz y la gran controversia, nunca debemos olvidar que la redención fue lograda aquí, en la tierra, para beneficio de los seres humanos. Cristo tomó sobre sí la naturaleza humana, no la angélica (Heb. 2:16), porque él vino para salvar a los seres humanos, no a los ángeles. Sin la Cruz y todo lo que ella implica (incluyendo la resurrección), toda la humanidad, de una manera u otra, enfrentaría sólo el olvido eterno.

En Juan 12:32, Jesús anunció que su muerte atraería a todos los hombres hacia él. ¿Qué significa esto? ¿Por qué la Cruz nos atrae a Jesús?

El asumir Cristo la naturaleza humana, por decisivo que sea esto en el plan de salvación, no era suficiente para salvar a la humanidad. De acuerdo con el plan eterno (2 Tim. 1:9), Cristo moriría por el mundo tomando sobre sí mismo, en su humanidad y su divinidad, los pecados del mundo, y toda la culpabilidad y el sufrimiento inherentes a ellos. Cada pecado estaba allí, en la Cruz, cayendo con todo su peso sobre el Hijo de Dios. ¡Qué espectáculo tan increíble para el universo, ver a su Comandante sin pecado sufriendo él mismo por una raza caída! Aunque el propósito principal de la Cruz era salvarnos, también reveló mucho acerca del carácter de Dios ante el universo.

Todo nuestro sufrimiento, como humanos, es el resultado del pecado, ¿verdad? Pensando en esto, ¿qué nos enseñan las palabras de Pablo “Al que no conoció pecado [Jesús] por nosotros lo hizo pecado” (2 Cor. 5:21) acerca de lo que Cristo sufrió en la Cruz en nuestro favor? ¿De qué modo este conocimiento nos ayuda a acercarnos a él?


Miércoles 23 de marzo 2005
La Cruz y el Sufrimiento Humano (Parte 2).   Uno de los mayores desafíos que afrontan los cristianos es la cuestión del sufrimiento. Si hay un Dios Todopoderoso y que es todo amor, ¿por qué existe tanto sufrimiento? ¿Qué cristiano no ha sentido, en algún momento, que el poder de esa pregunta que atemoriza hacía vacilar su fe?

Por supuesto, el motivo de la gran controversia, con la explicación de la batalla entre el bien y el mal, ciertamente nos ayuda a comprender el cuadro general que existe detrás del sufrimiento. Y sabemos, también, que un día todo terminará, y en forma tal que vindicará el carácter de Dios. Sin embargo, aún así, la cuestión del sufrimiento sigue confrontándonos, sencillamente porque muy a menudo no hay respuesta para ella; por lo menos, respuestas que tengan sentido para nosotros ahora.

Lee Job 1, 2 y 42. ¿De qué manera esta historia nos ayuda a comprender el trasfondo de la gran controversia, de la que el sufrimiento humano es una parte integrante. No obstante, ¿qué asuntos acerca del sufrimiento de Job quedaron sin responder, y todavía no cobraron sentido?

Si consideramos los sufrimientos de Job, o de cualquier ser humano, no debemos pasar por alto un punto: todo sufrimiento humano es sufrimiento individual. Sea que lloremos por nosotros o por otros, sólo se derraman nuestras propias lágrimas. Nunca podemos penetrar en el interior de otra persona para sentir el espasmo de su dolor, una punzada de sus males, no importa cuán cercana o íntima sea nuestra relación con ella. El dolor de otras personas nos llega sólo como el nuestro; entonces, todo lo que podemos conocer alguna vez es nuestro propio dolor. Cada uno de nosotros experimenta sólo su propio dolor, sólo sus propios sufrimientos, nunca los de otros. Sea que estemos sufriendo o muriendo solos o en grupo, nuestro dolor nunca puede exceder lo que nuestro metabolismo personal permita; nunca experimentaremos más sufrimiento que el que nuestras propias células delirantes puedan soportar. Ninguno tuvo alguna vez dolor más allá de lo que individualmente pudiera soportar; el momento en que se cruza ese umbral, sobreviene la muerte.

A menudo estamos horrorizados, y con razón, por la gran cantidad de gente que sufre en diversas tragedias. No obstante, sin importar el número (uno o un millón), el sufrimiento de cada persona está limitado por el hecho de que no se puede sufrir más de lo que puede soportar una persona. ¿De qué manera esta idea te ayuda a comprender mejor la cuestión de las tragedias humanas?


Jueves 24 de marzo 2005
La Cruz y el Sufrimiento Humano (Parte 3).   “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores” (Isa. 53:4).

Hasta aquí, hemos visto que todo el dolor y el sufrimiento humanos proceden del pecado; también vimos que, como humanos, sólo conocemos nuestro propio dolor, sólo nuestro propio sufrimiento, nunca el de otro. El sufrimiento humano es siempre, y solamente, sufrimiento individual. Y finalmente vimos que, en la Cruz, los pecados de todo el mundo (y la causa del sufrimiento de todo el mundo) recayó sobre Jesús, que cargó con el agobiante peso del pecado.

Recordando estos puntos, lee Isaías 53:1 al 12. Nota especialmente el versículo 4. En el contexto de lo que estuvimos estudiando estos últimos días, ¿qué nos enseña este capítulo, y especialmente el versículo 4, acerca de lo que sufrió Dios mismo en la gran controversia por causa del pecado?

El punto importante es que, aunque sólo podemos conocer nuestro propio dolor, sólo nuestro propio sufrimiento, en la Cruz, Dios lo experimentó todo al mismo tiempo. Lo que nosotros sólo conocemos individualmente, Dios lo sintió corporativamente en la Cruz. En el Calvario, Dios se vinculó con nosotros mediante la esencia de nuestra humanidad; es decir, mediante nuestro dolor: sólo que el nivel que él experimentó fue mayor y más intenso que lo que cualquier ser humano, alguna vez, podría conocer.

Así, cuando termine la gran controversia y todos los problemas queden resueltos, ningún ser humano podrá decir alguna vez que él sufrió más que Dios mismo. En la Cruz, el Señor mostró a la humanidad y al universo que, para tratar los problemas presentados por Satanás de una manera justa, equitativa y misericordiosa, él mismo estuvo dispuesto a sufrir mucho más terriblemente que lo que sufrió o podría sufrir cualquier ser caído. Él cargó con nuestros pesares y dolores, es decir, todos los pesares y todos los dolores que podemos sentir como individuos, ¡él los sintió todos al mismo tiempo!

 ¿Quién puede siquiera comenzar a comprender esta increíble realidad? No es extraño que el universo considere la Cruz con reverencia, alabanza y asombro (Apoc. 5:11-14).

¿De qué modo esta idea, que Dios en Cristo, en la Cruz, sufrió más de lo que cualquier ser humano podría sufrir alguna vez, pone todo el tema del sufrimiento humano en una perspectiva que nos ayuda a comprenderlo mejor?


Viernes 25 de marzo 2005
Para Estudiar y Meditar:
“Se echará de ver que aquél cuya sabiduría es infinita no hubiera podido idear otro plan para salvarnos que el del sacrificio de su Hijo. La compensación de este sacrificio es la dicha de poblar la tierra con seres rescatados, santos, felices e inmortales. El resultado de la lucha del Salvador contra las potestades de las tinieblas es la dicha de los redimidos, la cual contribuirá a la gloria de Dios por toda la eternidad. Y tal es el valor del alma, que el Padre está satisfecho con el precio pagado; y Cristo mismo, al considerar los resultados de su gran sacrificio, no lo estará menos” (CS 710).

“Satanás vio que su disfraz le había sido arrancado. Su administración quedaba desenmascarada delante de los ángeles que no habían caído y delante del universo celestial. Se había revelado como homicida. Al derramar la sangre del Hijo de Dios, había perdido la simpatía de los seres celestiales [...] Estaba roto el último vínculo de simpatía entre Satanás y el mundo celestial” (DTG 709).

Preguntas Para Dialogar:
Como clase, analicen la idea presentada esta semana acerca de la individualidad del sufrimiento humano, y en contraposición con el sufrimiento corporativo de Cristo en la Cruz. ¿Qué nos dice esta idea acerca del carácter de Dios? ¿Qué significa que Dios mismo haya sufrido todos los males del mundo entero? ¿Qué revela esta verdad acerca de Dios también a los mundos no caídos?

¿De qué modo la idea de Cristo, como el portador de nuestros pecados –como el inocente que sufre por la culpa de otros– impacta sobre cómo tratamos a otros? ¿De qué modo el pensamiento de sobrellevar “los unos las cargas de los otros” refleja, en forma muy débil, lo que Cristo hizo por nosotros en la Cruz?

Hay muchas personas que creen en la Biblia, pero intentan comprender el pecado, el sufrimiento y la salvación fuera del contexto de la gran controversia. Ponte en su lugar, y trata de explicar algunas de estas cosas de otra manera, sin el trasfondo de la gran controversia. ¿Cuán bien puedes hacerlo?

Arizona En Marcha agradece su voto para Sitios Adventistas.com

Puede encontrar los bosquejos en Español, Ingles, Portugues y Rumano:

Bosquejo de la lección por Bruce N. Cameron en Español
Lesson outline by Bruce N. Cameron in English
Estudo Biblico da Semana em Portugues.
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