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Lee Para el Estudio de esta
Semana: Job 1, 2, 42; Isa. 53:4; Mat. 4:1; Juan 12:31-33; 1 Ped. 5:8, 9;
Apoc. 5:11-14; 12:7-19.
POR MÁS QUE LA CRUZ
SEA CENTRAL para la salvación de la humanidad, limitamos mucho
nuestra comprensión de ella si restringimos su importancia sólo
a la humanidad. Únicamente en el contexto de la gran controversia
podemos comprender plenamente la Cruz y por qué Cristo tuvo que
morir allí. Sin embargo, porque no estamos solos, porque las cuestiones
que están involucradas en los temas del pecado, la salvación,
la Ley de Dios y el amor de Dios van más allá de este mundo,
Dios escogió demostrar no sólo a la humanidad sino también
a los mundos no caídos exactamente cuáles eran los principios
y los problemas en juego en este drama cósmico. Y, al hacerlo, no
sólo expuso la verdadera naturaleza de Satanás, sino además
reveló a los mundos no caídos, de una manera que nunca lo
habían visto antes, la persona de su Creador.
En el centro de esa revelación
está la cruz de Cristo. Si nosotros, que sólo vemos “por
espejo, oscuramente” (1 Cor. 13:12), nos maravillamos ante la Cruz, ¿cómo
reaccionarán quienes conocieron a Jesús cara a cara antes
de su encarnación, y luego presenciaron su humillación?
Un Vistazo a la Semana:
¿De qué manera revela la Biblia la gran controversia? ¿Cuáles
son los problemas en juego? ¿Qué experimentó Jesús
en la cruz? ¿De qué manera sus sufrimientos fueron mucho
mayores que los que cualquier ser humano podría conocer alguna vez?
¿De qué modo la Cruz responde a los problemas comprendidos
en la gran controversia? |
El Conflicto Cósmico.
Lee los siguientes textos y
escribe lo que revelan acerca de la gran controversia, como por ejemplo:
¿A quién involucran? ¿De qué maneras diferentes
se manifiesta la controversia? ¿Cuáles son algunos de las
cuestiones en juego? ¿Dónde comenzó el conflicto,
y dónde se sigue librando? ¿Quién ganará finalmente?
Ver Gén. 3:15; Job 1:6-12; Isa. 14:12-15; Zac. 3:1-10; Mat. 4:1;
25:41; Rom. 16:20; 1 Cor. 15:57; Efe. 6:12; 1 Ped. 5:8, 9; Apoc. 12:7-17.
Dios nos brindó, por
medio del ministerio inspirado de Elena de White, un panorama notable y
explícito respecto de la gran controversia y, además, a lo
largo de toda la Biblia encontramos alusiones y referencias a ella. ¡Está
allí! De hecho, los versículos indicados arriba son sólo
una muestra de lo que dicen las Escrituras acerca de lo que ciertamente
puede considerarse un “conflicto cósmico”, una batalla literal que
comenzó en otra parte del cosmos y que ahora se libra aquí,
en la tierra y en cada alma humana.
Se observan manifestaciones
de esta batalla desde el comienzo hasta el fin de las Escrituras, desde
la enemistad entre Satanás y la humanidad, implantada primero por
Dios en los corazones humanos (Gén. 3:15), hasta la ira satánica
manifestada en el tiempo del fin contra los que “guardan los mandamientos
de Dios y tienen la fe de Jesús” (Apoc. 12:17).
No obstante, las grandiosas
noticias son que el resultado exitoso de esta batalla fue asegurado desde
la misma fundación del mundo (Efe. 1:4; Apoc. 13:8). La pregunta
que Dios afrontaba no era si sería capaz de derrotar a Satanás,
sino cómo lo haría, y a qué costo para sí mismo.
La Cruz, más que ninguna otra cosa, revela cuál fue realmente
ese costo que debió pagar.
¿De qué maneras
experimentas en tu vida diaria la realidad de la gran controversia? ¿De
qué modo el conocer que el resultado está asegurado te ayuda
a mantenerte firme en medio de tus propias luchas, a menudo dolorosas,
en este conflicto? |
La Cruz y la Derrota de Satanás.
Lee Juan 12:31 al 33, Hebreos 2:14 y 1 Juan 3:8. ¿De qué
modo estos textos relacionan la Cruz con la destrucción final de
Satanás en la gran controversia?
En la Cruz ocurre un giro en
la gran controversia: Satanás ha sido “arrojado”, repudiado, expuesto.
En visión (Apoc. 12:10), el apóstol Juan oyó “una
gran voz en el cielo, que decía: Ahora ha venido la salvación,
el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque
ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba
delante de nuestro Dios día y noche”. Sólo cuando el Salvador
murió por “los [pecados] de todo el mundo” (1 Juan 2:2), pudo el
Cielo proclamar que ha venido la salvación. En el Calvario, la promesa
divina, mencionada por primera vez en Génesis 3:15, llegó
a convertirse en realidad.
¿Cómo relacionamos
la muerte sacrificial de Cristo con la gran controversia?
Como vimos antes, aunque Cristo
mismo no tuvo pecado, murió bajo la condena del juicio divino como
el portador de nuestro pecado (Isa. 53:6, 11, 12; 1 Ped. 2:24; 3:18). En
la Cruz, Dios asumió su propia sentencia sobre el pecado. El Creador
tomó sobre sí nuestra humanidad, de modo que su vida –algo
más que igual a la vida de los seres creados– expiara los pecados
de toda la humanidad. De esta manera, la muerte de Cristo sostuvo la validez
de la Ley moral y demostró que Dios podía ser, a la vez,
justo y misericordioso. El apóstol Pablo explica la importancia
de la Cruz, especialmente a la luz de la gran controversia, de esta manera:
“A quien [a Cristo] Dios [el Padre] puso como propiciación por medio
de la fe en su sangre, para manifestar [ante la humanidad y los mundos
no caídos] su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su
paciencia, los pecados pasados [es decir, los pecados morales, en los tiempos
del Antiguo Testamento, que no podían ser expiados por la sangre
de animales (Heb. 10:4)], con la mira de manifestar en este tiempo su justicia,
a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la
fe de Jesús” (Rom. 3:25, 26).
En la Cruz, Jesús sostuvo
la validez de la Ley de Dios, proveyó un sacrificio sustitutivo
suficiente para cada pecador, expuso ante el universo el verdadero carácter
de Satanás y proporcionó el medio por el cual todos pudieran
salvarse. ¿Qué significan para nosotros, como individuos
inmersos en la gran controversia, cada una de estas verdades? ¿Cuál
de estos logros crees que es el más importante, y por qué? |
La Cruz y el Sufrimiento Humano
(Parte 1).
La Cruz y la salvación
que se nos ofrece gracias a ella son elementos clave en la gran controversia.
Éste fue el medio por el cual Dios sostuvo la validez de la Ley
mientras, al mismo tiempo, salvaba a los que la había transgredido.
Esto era decisivo para responder a las acusaciones que Satanás hacía
contra Dios ante las inteligencias del universo, que tienen un gran interés
en el resultado de la gran controversia (ver Rom. 8:22).
Lee Apocalipsis 5:11 al 14.
¿Dónde ocurre esta escena? ¿Quiénes están
involucrados? ¿A quién están alabando, y por qué?
¿De qué modo estos versículos ayudan a mostrar la
centralidad de la Cruz en la gran controversia?
Por interesado e involucrado
que esté el universo en la Cruz y la gran controversia, nunca debemos
olvidar que la redención fue lograda aquí, en la tierra,
para beneficio de los seres humanos. Cristo tomó sobre sí
la naturaleza humana, no la angélica (Heb. 2:16), porque él
vino para salvar a los seres humanos, no a los ángeles. Sin la Cruz
y todo lo que ella implica (incluyendo la resurrección), toda la
humanidad, de una manera u otra, enfrentaría sólo el olvido
eterno.
En Juan 12:32, Jesús
anunció que su muerte atraería a todos los hombres hacia
él. ¿Qué significa esto? ¿Por qué la
Cruz nos atrae a Jesús?
El asumir Cristo la naturaleza
humana, por decisivo que sea esto en el plan de salvación, no era
suficiente para salvar a la humanidad. De acuerdo con el plan eterno (2
Tim. 1:9), Cristo moriría por el mundo tomando sobre sí mismo,
en su humanidad y su divinidad, los pecados del mundo, y toda la culpabilidad
y el sufrimiento inherentes a ellos. Cada pecado estaba allí, en
la Cruz, cayendo con todo su peso sobre el Hijo de Dios. ¡Qué
espectáculo tan increíble para el universo, ver a su Comandante
sin pecado sufriendo él mismo por una raza caída! Aunque
el propósito principal de la Cruz era salvarnos, también
reveló mucho acerca del carácter de Dios ante el universo.
Todo nuestro sufrimiento, como
humanos, es el resultado del pecado, ¿verdad? Pensando en esto,
¿qué nos enseñan las palabras de Pablo “Al que no
conoció pecado [Jesús] por nosotros lo hizo pecado” (2 Cor.
5:21) acerca de lo que Cristo sufrió en la Cruz en nuestro favor?
¿De qué modo este conocimiento nos ayuda a acercarnos a él? |
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Miércoles
23 de marzo 2005
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La Cruz y el Sufrimiento Humano
(Parte 2). Uno de los mayores desafíos que afrontan
los cristianos es la cuestión del sufrimiento. Si hay un Dios Todopoderoso
y que es todo amor, ¿por qué existe tanto sufrimiento? ¿Qué
cristiano no ha sentido, en algún momento, que el poder de esa pregunta
que atemoriza hacía vacilar su fe?
Por supuesto, el motivo de la
gran controversia, con la explicación de la batalla entre el bien
y el mal, ciertamente nos ayuda a comprender el cuadro general que existe
detrás del sufrimiento. Y sabemos, también, que un día
todo terminará, y en forma tal que vindicará el carácter
de Dios. Sin embargo, aún así, la cuestión del sufrimiento
sigue confrontándonos, sencillamente porque muy a menudo no hay
respuesta para ella; por lo menos, respuestas que tengan sentido para nosotros
ahora.
Lee Job 1, 2 y 42. ¿De
qué manera esta historia nos ayuda a comprender el trasfondo de
la gran controversia, de la que el sufrimiento humano es una parte integrante.
No obstante, ¿qué asuntos acerca del sufrimiento de Job quedaron
sin responder, y todavía no cobraron sentido?
Si consideramos los sufrimientos
de Job, o de cualquier ser humano, no debemos pasar por alto un punto:
todo sufrimiento humano es sufrimiento individual. Sea que lloremos por
nosotros o por otros, sólo se derraman nuestras propias lágrimas.
Nunca podemos penetrar en el interior de otra persona para sentir el espasmo
de su dolor, una punzada de sus males, no importa cuán cercana o
íntima sea nuestra relación con ella. El dolor de otras personas
nos llega sólo como el nuestro; entonces, todo lo que podemos conocer
alguna vez es nuestro propio dolor. Cada uno de nosotros experimenta sólo
su propio dolor, sólo sus propios sufrimientos, nunca los de otros.
Sea que estemos sufriendo o muriendo solos o en grupo, nuestro dolor nunca
puede exceder lo que nuestro metabolismo personal permita; nunca experimentaremos
más sufrimiento que el que nuestras propias células delirantes
puedan soportar. Ninguno tuvo alguna vez dolor más allá de
lo que individualmente pudiera soportar; el momento en que se cruza ese
umbral, sobreviene la muerte.
A menudo estamos horrorizados,
y con razón, por la gran cantidad de gente que sufre en diversas
tragedias. No obstante, sin importar el número (uno o un millón),
el sufrimiento de cada persona está limitado por el hecho de que
no se puede sufrir más de lo que puede soportar una persona. ¿De
qué manera esta idea te ayuda a comprender mejor la cuestión
de las tragedias humanas? |
La Cruz y el Sufrimiento Humano
(Parte 3). “Ciertamente llevó él nuestras
enfermedades, y sufrió nuestros dolores” (Isa. 53:4).
Hasta aquí, hemos visto
que todo el dolor y el sufrimiento humanos proceden del pecado; también
vimos que, como humanos, sólo conocemos nuestro propio dolor, sólo
nuestro propio sufrimiento, nunca el de otro. El sufrimiento humano es
siempre, y solamente, sufrimiento individual. Y finalmente vimos que, en
la Cruz, los pecados de todo el mundo (y la causa del sufrimiento de todo
el mundo) recayó sobre Jesús, que cargó con el agobiante
peso del pecado.
Recordando estos puntos, lee
Isaías 53:1 al 12. Nota especialmente el versículo 4. En
el contexto de lo que estuvimos estudiando estos últimos días,
¿qué nos enseña este capítulo, y especialmente
el versículo 4, acerca de lo que sufrió Dios mismo en la
gran controversia por causa del pecado?
El punto importante es que,
aunque sólo podemos conocer nuestro propio dolor, sólo nuestro
propio sufrimiento, en la Cruz, Dios lo experimentó todo al mismo
tiempo. Lo que nosotros sólo conocemos individualmente, Dios lo
sintió corporativamente en la Cruz. En el Calvario, Dios se vinculó
con nosotros mediante la esencia de nuestra humanidad; es decir, mediante
nuestro dolor: sólo que el nivel que él experimentó
fue mayor y más intenso que lo que cualquier ser humano, alguna
vez, podría conocer.
Así, cuando termine la
gran controversia y todos los problemas queden resueltos, ningún
ser humano podrá decir alguna vez que él sufrió más
que Dios mismo. En la Cruz, el Señor mostró a la humanidad
y al universo que, para tratar los problemas presentados por Satanás
de una manera justa, equitativa y misericordiosa, él mismo estuvo
dispuesto a sufrir mucho más terriblemente que lo que sufrió
o podría sufrir cualquier ser caído. Él cargó
con nuestros pesares y dolores, es decir, todos los pesares y todos los
dolores que podemos sentir como individuos, ¡él los sintió
todos al mismo tiempo!
¿Quién puede
siquiera comenzar a comprender esta increíble realidad? No es extraño
que el universo considere la Cruz con reverencia, alabanza y asombro (Apoc.
5:11-14).
¿De qué modo esta
idea, que Dios en Cristo, en la Cruz, sufrió más de lo que
cualquier ser humano podría sufrir alguna vez, pone todo el tema
del sufrimiento humano en una perspectiva que nos ayuda a comprenderlo
mejor? |
Para Estudiar y Meditar:
“Se echará de ver que
aquél cuya sabiduría es infinita no hubiera podido idear
otro plan para salvarnos que el del sacrificio de su Hijo. La compensación
de este sacrificio es la dicha de poblar la tierra con seres rescatados,
santos, felices e inmortales. El resultado de la lucha del Salvador contra
las potestades de las tinieblas es la dicha de los redimidos, la cual contribuirá
a la gloria de Dios por toda la eternidad. Y tal es el valor del alma,
que el Padre está satisfecho con el precio pagado; y Cristo mismo,
al considerar los resultados de su gran sacrificio, no lo estará
menos” (CS 710).
“Satanás vio que su disfraz
le había sido arrancado. Su administración quedaba desenmascarada
delante de los ángeles que no habían caído y delante
del universo celestial. Se había revelado como homicida. Al derramar
la sangre del Hijo de Dios, había perdido la simpatía de
los seres celestiales [...] Estaba roto el último vínculo
de simpatía entre Satanás y el mundo celestial” (DTG 709).
Preguntas Para Dialogar:
Como clase, analicen la idea
presentada esta semana acerca de la individualidad del sufrimiento humano,
y en contraposición con el sufrimiento corporativo de Cristo en
la Cruz. ¿Qué nos dice esta idea acerca del carácter
de Dios? ¿Qué significa que Dios mismo haya sufrido todos
los males del mundo entero? ¿Qué revela esta verdad acerca
de Dios también a los mundos no caídos?
¿De qué modo la
idea de Cristo, como el portador de nuestros pecados –como el inocente
que sufre por la culpa de otros– impacta sobre cómo tratamos a otros?
¿De qué modo el pensamiento de sobrellevar “los unos las
cargas de los otros” refleja, en forma muy débil, lo que Cristo
hizo por nosotros en la Cruz?
Hay muchas personas que creen
en la Biblia, pero intentan comprender el pecado, el sufrimiento y la salvación
fuera del contexto de la gran controversia. Ponte en su lugar, y trata
de explicar algunas de estas cosas de otra manera, sin el trasfondo de
la gran controversia. ¿Cuán bien puedes hacerlo? |